Le he dado un impulso grande al blog y a mi cuenta en Twitter (http://twitter.com/pildorasazules). Diseños nuevos, con fotos propias y colores más armónicos. Cambios en el código de la página para salir más guapo en la foto de Google y que llegue aquí más gente. El paso previo a tener más visitas y, espero, más comentarios de gente que me dé su consuelo anónimo en la distancia.
Hay que ver lo que libera contarle a todo el mundo cosas que antes sólo escribirías en un diario. Las puede leer cualquiera y, sin embargo, te permiten desahogarte en la soledad de un salón con la persiana bajada en un día de verano.
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domingo, 13 de junio de 2010
Como un trapo
Lo peor que puedes hacer un día cualquiera es tomarte la dichosa píldora azul (bueno, ahora son rojas, pero para el caso es lo mismo) por la mañana. El médico te recomienda tomarla siempre por la noche, antes de dormir, para que el sueño evite que la bofetada te llegue mientras estás consciente. No sé qué coño tienen dentro las pastillas, pero te hacen sentirte como si fueras un trapo: sin ganas de andar, de pensar, de escuchar nada que no sea el silencio. Es como una droga que te da un mal viaje.
Estoy sintiendo escalofríos, cierto dolor de cabeza, ganas de acostarme todo el día y no saber nada del mundo hasta mañana. Pero más allá de eso, las putas atriplas y la necesidad de tomarlas cada día para no complicar más las cosas es una tortura que me recuerda que la vida no volverá a ser la misma.
Da igual que salga por ahí, que me conecte a alguna web de contactos. Que intente obviar este martirio para mirar adelante y volver a tener esperanza. La píldora diaria hace que las ganas de cualquier cosa se supediten a la borrachera.
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lunes, 9 de julio de 2007
¿Por qué lo llamo así?

Píldoras azules,
de Frederik Peeters.
Astiberri, Bilbao, 2007.
Porque hace poco encontré este tesoro en un montón de libros de una librería de mi ciudad. El título me resultó familiar, pero no me resultó evocador, pues no me sirvió para "llamar a los espíritus y a los muertos, suponiéndolos capaces de acudir a los conjuros e invocaciones", como dice el DRAE. No he sentido ganas de llamar a ningún muerto ni a ningún espíritu. Si acaso, al mío. Pero más bien todo lo contrario.
Después de leerlo he sentido mil cosas a la vez, quizá algunas todavía se me atragantan y seguiré poco a poco digiriéndolas. Otras me han puesto a cien el corazón. Como que alguien pregunte "¿Por qué me quieres?" y que la respuesta de su compañero de colchón sea "Porque cuando atraviesas un paso de cebra parece que le haces el amor a la calle entera". O que tres páginas de justificación de ese amor contracorriente terminen con un "porque, al contrario de lo que crees, de todas las personas que conozco, eres la mejor dotada para la vida".
Que lo disfrutéis tanto como yo. Y que mandéis a tomar por culo al VIH.
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