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domingo, 22 de agosto de 2010

A hard night's day

Hoy es el día que sigue a la noche de ayer. Vaya noche de mierda. No diré que fue reveladora, porque ya nada me asusta, sino que -más bien- fue la gota que colmó el vaso.

No faltó de nada: encontrarme al polvo del otro día en un bar al que fui con un chico que medio me hacía tilín. Que mi gran amigo de tantos años me diga, con tres copas de más, que está pendiente de unos resultados médicos para confirmar que tiene una u otra enfermedad neurológica brutales (mucho peores que mi VIH... tipo esclerosis y demás). 

Que acabemos yendo a un after con cuarto oscuro... y que me diera un ataque de agobio como pocas veces y tuviera que salir corriendo, dejando allí a mi amigo lidiando con un montón de impresentables. Que fuera, además, la última noche de mis vacaciones antes de irme, en unos días, de vuelta a la ciudad donde trabajo. 

En fin, he decidido (otra vez más) alejarme de toda esta mierda durante un tiempo, unos meses, un par de años. No quiero saber nada más de salir por ahí, beber, oler a tabaco sin haber fumado, de aguantar a babosos que te miran la polla mientras meas (¿habrá momento más íntimo?), de las reinas de la noche.

jueves, 19 de agosto de 2010

Propósitos del nuevo curso

Se acaba el verano y va llegando la fecha. A partir del día 1 de septiembre, esta oruga se convertirá en un capullo (¡más todavía!) durante, digamos, dos años. He pensado en todo: voy a acometer cambios importantes en la vida de cualquier hombre de bien. Al menos, de cualquier hombre-homosexual-urbanita-universitario de bien. A saber:

- voy a apuntarme al gimnasio. Hace tiempo que no voy y ya está bien de acumular barriguita. Vale, los antirretrovirales hacen que se acumule grasa en el abdomen y demás... pero no es excusa. O sí lo es, precisamente. Así que a trabajar duro y a ponerme estupendo. 50 euros al mes.

- voy a ponerme una ortodoncia y, de paso, igual miro hasta precios para quitarme la miopía, que dicen que está todo muy avanzado y hay que aprovechar el tiempo y los ahorros en estas pequeñas cosas, tan imprescindibles. Como no tengo hijos, maromo ni hipoteca, el dinero es mío y me lo gasto en lo que quiera. Ponte que me gasto en esto unos 200 euros al mes.

- voy a aprender idiomas. No sé si dedicarme a perfeccionar el inglés (que nunca está de más y además me hace falta un reciclaje) o a aprender algo nuevo, mucho más estimulante sin duda. Alemán, portugués, francés... ya veremos. Ponle otros 100 euros al mes.

Así que me esperan unos 350 euros mensuales en gastos imprescindibles para que, en el mencionado plazo de dos años, esta oruga se convierta en una mariposa políglota, visualmente impecable, con dientes alineados y perfectos y con hombros anchos y abdomen plano. Para entonces habré pasado de los treinta... y hay que coger el toro por los cuernos.

Que no se diga.

domingo, 14 de marzo de 2010

A partir de hoy



Ayer me levanté con la firme determinación de que el día no fuera igual que el anterior, y el otro, y el otro... y aquél en que me sentí vestido, como una viuda, de negro luto de la cabeza a los pies.

Parece mentira que calmar el dolor más grande del mundo con un cambio de actitud es posible. Vale, sólo dura un rato –el mismo tiempo que dura el efecto de una pastilla de ibuprofeno 600 mg–, pero alivia que no veas.

Así que ayer, con la vista puesta en una noche que se anunciaba memorable, me levanté temprano. Desayuné en uno de mis bares preferidos mientras la lavadora terminaba de lavar la funda nórdica. Me di un pequeño paseo hasta la panadería, el único lugar que estaba abierto a las 9 de la mañana. Me corté el pelo para estar más guapo. Hice la cama con sábanas blancas y el nórdico recién lavado y secado al sol de la temprana primavera. Pasé la tarde disfrutando de música y de la compañía cafetera de una amiga.

Y, como no podía ser de otra manera, tal inyección de vitalidad tuvo su recompensa. Como si los astros se hubieran alineado (dime tú que no es casualidad que el mismo día que pongo mis sábanas preferidas y lavo el nórdico me pase lo que os cuento), no he dormido solo esta noche. Es más: he tenido una de las noches más bonitas de los últimos años, comparable a alguna noche de farra de las que acaban con chocolate con churros a las 8 o aquella noche del final de verano que os conté una vez.

Innumerables las cosas en común que tengo con él, incontables los detalles que me dejaron ver que estaba compartiendo la cama con uno de esos chicos que casi nunca encuentras (y que, si aparece, tiene novio o es hetero). Todo fue perfecto. Todo... hasta que el tema de siempre se metió en la cama como el niño de tres años que corre a la cama de sus padres en busca de compañía y protección contra sus pesadillas.

Supongo que el bicho, aunque esté acojonado y escondido, me está creando una coraza que me protege contra la adversidad como nunca antes. Pero es que a la cuarta vez que sabes que alguien va a escapar tarde o temprano, en dos minutos o en dos meses, ya te da un poco igual. "Perdona mi bajón de lívido" (sic), dijo en un mensaje al rato de marcharse, "pero entiende el shock". Pues claro que lo entiendo. No lo voy a entender... camino de mi cuarto cumpleaños, ya entiendo todo lo que hay que entender.

Después de casi veinte minutos dando rodeos a la confesión en horizontal, he entendido que no soy capaz de decirle a nadie que tengo VIH. Entiendo también que todos esos amantes ocasionales (cuatro en cuatro años... ¡qué pobreza, con lo que yo era!) se escapen de mi casa/cama sin remedio. Entiendo que dé miedo pensar en estar conmigo. Entiendo las excusas que me ha dado esta mañana antes de huir. Entiendo que el libro que me inspira cuando me falta el aire es sólo un cuento, una historieta que sólo es autobiográfica para su autor.

Entiendo, en fin, que estoy sólo (y solo) al principio de una carrera de fondo que seguro durará todavía cuatro o cinco décadas... pero que nunca será completa si sigo buscando en los demás algo que debo buscar en mí.

A partir de hoy, cuando cambie las sábanas sabré que son sólo para mí. Cuando haga un buen potaje, pondré sólo un plato y una cuchara en la mesa. Cuando me corte el pelo, esperaré sólo mi aprobación. Si salgo a pasear, no echaré de menos tener a alguien al lado para decir que tengo frío.

A partir de hoy, estaré solo pero me sentiré completo.

sábado, 30 de agosto de 2008

Valiente dulzura

Después de nuestro primer beso, sentí la necesidad de contarle por qué las cosas no iban a ser tan fáciles. Eran casi las 6 de la mañana, habíamos estado hablando durante horas, y él hizo ademán de irse. Antes, quiso besarme para despedirse.

-Ven, siéntate. No sé cómo empezar. Es que no es nada fácil. Me cuesta tanto decirlo... Resulta que hace unos dos años que no estoy con nadie. ¿Por qué, te preguntarás? No porque no quiera, sino porque no puedo. Hay algo que me lo impide. Es una historia complicada...

- Cuéntamelo sólo si quieres.

- Claro que quiero contártelo. El caso es que... no sé cómo hacerlo. No puedo. No me salen las palabras. Nunca he sido capaz de hablar de ello.

- No será tan grave, hombre.

- Bueno, sí lo es. Verás... es, quizá, lo peor que puedas imaginarte.

- No sé, no caigo. ¿Alguna enfermedad?

- Sí... la peor.

Después de guardar unos segundos de silencio con su mirada llena de ternura clavada en mis ojos, con la valiente dulzura que dan los veintipocos años me espetó:

- Pues cada vez tengo más ganas de besarte.

viernes, 27 de junio de 2008

Verano ¿del amor?


Tú, que decidiste que tu vida no valía,
que te inclinaste por sentirte siempre mal,
que anticipabas un futuro catastrófico,
hoy pronosticas la revolución sexual.
Tú, que decidiste que tu amor ya no servía,
que preferiste maquillar tu identidad,
hoy te preparas para el golpe más fantástico,
porqué hoy empieza la revolución sexual.
La Casa Azul 'La revolución sexual'

En este auténtico verano del amor, a veces no sé qué hacer. Si conozco a alguien que me gusta, ¿puedo por fin prepararme para el golpe más fantástico? ¿O mejor me anticipo a ese futuro catastrófico y paso de todo?

Lanzaré una botella al mar, con un mensaje simple pero desesperado. "¿Qué hacer?"

¿Qué habéis hecho vosotros? ¿Qué han hecho con vosotros? ¿Ha comenzado, tras este primer bache horrible, vuestra revolución sexual o, como mucho me temo, os han dejado claro que vuestra vida, que vuestro amor ya no vale?