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lunes, 28 de noviembre de 2011



Hace muchos años —más de diez, una eternidad— tuve un novio que estaba obsesionado con que The Cranberries, aquel grupo irlandés de los noventa, cantaba su vida en cada canción. Años después, hará ahora unos cinco, conocí a otro que se empeñaba en que Texas —escoceses esta vez— eran como una banda sonora programática de todo lo que le pasaba. ¡Cuántas veces me habré mordido la lengua en presencia de ambos cuando insistían en tal patraña adolescente! Por lo que sé, todavía hoy siguen, por lo menos el segundo, que ya no cumplirá los treinta, empecinados en verse reflejados en cada canción.

He venido pensando en ellos en mi camino de vuelta del trabajo. En el autobús, a esta hora lleno de gente solitaria que casi ni habla tras la jornada laboral o de estudios, me dispuse a descubrir el último disco de La Casa Azul, publicado hace unos días bajo el título de La Polinesia meridional. Como digo, pensé en aquellos dos amigos cuando me descubrí a mí mismo reconociéndome en las canciones. Lo malo, y lo que resulta hipócrita tras el primer párrafo de esta entrada, es que no es la primera vez que me pasa, de hecho ya lo conté aquí hace más de tres años.


viernes, 2 de julio de 2010

Payasadas

Hay una delgada línea que separa la originalidad de la payasada. Cuando conoces a alguien que te interesa o te parece atractivo, tiendes a ver todas sus excentricidades como pequeños tesoros nada convencionales que te van sorprendiendo gratamente en cada cita. Pero ay... llega un momento en que una de tantas estupideces va más allá de esa línea y, de repente, sientes repulsión por cada tontería.

Facebook y Twitter son el campo propicio para estos absurdos. Parece que la tontería es más fácil cuando no tienes que hacerla frente a alguien real. Los demás, sinceramente, lo agradecemos por el ahorro de tiempo que supone.

domingo, 27 de junio de 2010

SMS

He borrado tu número de mi móvil, te he eliminado de mi lista de amigos en Facebook y te estoy sacando de mi mente. Ese es mi regalo de cumpleaños. Lo siento: no tengo el ticket para que lo cambies si ya lo tienes. Esta caja de rencor no se puede devolver ni cambiar.

viernes, 23 de abril de 2010

La semana de los muertos vivientes

Hace unos días quedé a tomar café con aquel chico tan majo que me quería y que resultó ser más veloz que el correcaminos para escapar.

En la última semana, me han agregado al Facebook (¡el mismo día!) un par de rollos suecos que tuve cuando me fui de erasmus hace años. Uno de ellos, era un trozo de pan, pero –todo hay que decirlo– un poco desustanciao. Por el otro casi me quedo a vivir en Gotemburgo y todo... aunque al final resultó ser un niño que no sabía lo que quería encerrado en el cuerpo de un hombretón rubio guapísimo.

Hoy me he tropezado con el gilipollas que estaba a mi lado cuando me enteré de que era seropositivo y que desapareció de la noche a la mañana y que no deja de llamarme "chavalote" cada vez que me cruzo con él, de año en año, por la calle.

A todos ellos, con cariño:


¿Por qué el pasado se empeña en volver de repente, con todos sus fantasmas juntos en tropel? ¿Qué me quiere decir el destino?